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Los principios que teníamos al principio.

En el mundo de los negocios no se suele hablar mucho de los comienzos, salvo en el caso de alguna startup que arrancó en un garaje (que para mí lo quisiera) o las empresas familiares que muestran con justificado orgullo al adorable anciano que las fundó. 

Salvo esas excepciones, se suelen olvidar las miserias económicas y mentales de los inicios. No tienen tiempo ni ganas de ponerse a pensar en los tiempos jodidos. En los meses esquivando las facturas. En las personas que cayeron en el camino. En la desorientación continuada respecto a tu negocio (mola más llamarlo VUCA). En las noches sin dormir. 

Quizá por eso las empresas prefieren hablar de todo lo que han conseguido. De lo que están consiguiendo. De sus rondas de financiación. De sus casos de éxito. De sus KPI. Del ROI. De los beneficios de doble dígito. De las nuevas sedes en LATAM. De lo bien que les va porque son la pera limonera.   

¿Forma parte todo esto de la mitomanía que rodea actualmente al emprendedor? Esa gente que solo descansa para hacer ejercicio o idear nuevas formas de mejorar la vida de los demás. Super héroes que no lloriquean. Solo actúan. Porque nadie les da nada. Bla bla bla. Ni lo sé ni es el tema de este post. 

Pero puede que ese afán por demostrar que se tiene más gorda la cartera de clientes lleva a vivir en una isla de éxitos, donde todo lo que pasa es por su buena gestión. Un microcosmos alentado por palmeros a su alrededor que le acarician el vestido invisible y le sujetan el cubata (¿qué puede salir mal?).

¿Se pierden los principios después del principio?

Cuando te plantees si tu negocio, marketing, comunicación, web o lo que sea funcionan mal, prueba a hacer un viaje al pasado. Al punto cero. A lo que te hizo comenzar. A los principios que tenías al principio. ¿Los mantienes? ¿Lo has perdido con el día a día? ¿Prefieres cambiarlos? Todo vale. Sobre todo, cuanto más valor des a tu comunidad (no solo a la virtual). 

Y si comienzas ahora, pregúntate: ¿en este momento de la historia (y de tu historia) te puedes permitir un principio sin principios? 

A lo mejor debemos dejar de trabajar el arte de parecer y de las engañuflas. Si no dispones de un presupuesto gigante ni de padrinos, solo te tienes a ti. Y ser tú es tener una voz, una estrategia de marca (algo más que un logo chuli). Ese valor intangible es lo que podemos llamar branding: el esfuerzo de ser siempre tú en cualquier momento y contexto.

Primero, se consistente. Y aporta algo al mundo.

Después ya explicaremos lo atractivo que eres con una pizca de marketing. Pero empieza por el principio, Martín.

Sí, lo de Martín no es una errata. Este artículo me lo escribo a mi mismo, porque en muchos aspectos estoy empezando. Muriendo y resucitando, metafóricamente. Entendiendo que mis certezas no funcionan o necesitan pulirse. Porque no soy tan listo como yo pensaba. ¿Tú sí? Caray, enhorabuena. 

Pero yo, como el común de los mortales, improviso y me adapto para sobrevivir. A lo mejor en unos años me va tan bien que no recuerdo los meses de la incertidumbre. O las ganas de tirar la toalla. O la profunda tristeza de obligarse a escribir cuando al otro lado de Europa hay millones de personas sufriendo, pasando frío. Muriendo, pero de verdad. 

Los principios son duros. Y en este contexto, un auténtico sinsentido. Pero nadie va a empezar por mí. Ni por ti.

Estos principios son solo nuestros.

Así que no los olvidemos

Garabatos al margen

4 buenos principios literarios

  • “Las cosas podían haber sucedido de cualquier otra manera y, sin embargo, sucedieron así.” El camino. Miguel Delibes.
  • “Constituía un placer especial ver las cosas consumidas, ver los objetos ennegrecidos y cambiados. Con la punta de bronce del soplete en sus puños, con aquella gigantesca serpiente escupiendo su petróleo venenoso sobre el mundo, la sangre le latía en la cabeza y sus manos eran las de un fantástico director tocando todas las sinfonías del fuego y de las llamas para destruir los guiñapos y ruinas de la Historia.” Farenheit 451. Ray Bradbury.
  • “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.” La metamorfosis. Franz Kafka.
  • “Al día siguiente no murió nadie.” Las intermitencias de la muerte. José Saramago.

4 buenas preguntas al arrancar un negocio

  • ¿Merece la pena un principio sin ningún tipo de principios? 
  • ¿Tu objetivo es solo ganar dinero o tienes una pasión a la que agarrarte y sacarle chispas?
  • ¿Trasladas esa pasión a tu comunación de una manera coherente?
  • ¿Explicas esa chispa en tus contactos comerciales?

Mejora esto, por favor.

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