Hablemos de algo que me re: re: re: re: re: re: re: re: re: repatea un poco. Estaría escribiendo siete mil setecientos setenta y siete veces lo de “:re” sólo por molestar a los constantes reenviadores de correos electrónicos. Ya no se trata sólo de una cuestión de estilo (que también) o de economía (al final, cada carácter que incluyes ralentizará el envío, digo yo). No… ¡Se trata de higiene mental!
Cada vez que me llega un e-mail “requetenviado”, tardo entre 5 y 20 segundos en encontrar el inicio real del mensaje. Y muchas veces… no existe. No hay mensaje. Comienzas a bajar la barra, sigues bajando, repostas carburante mientras observas el horizonte de “:res”, sigues tu camino, llegas al objetivo y te das cuenta de que lo único que tienes es un vídeo o un power-point adjuntado. Oye tío, me podías haber evitado el viaje seleccionando toda la basura que te llega en los reenvíos y borrándola. Así vería que no me has escrito nada, me ahorraría un poco de tiempo e iría directamente al archivo en cuestión.
Pero ya puestos a hacerlo bien, lo correcto es admitir que nuestro correo es un reenvío o, diciéndolo de una manera más cercana a la redacción, que es una cita literal de un correo de otra persona. Y, como cita literal que es, deberíamos (y esto, como lo anterior, hay que tomarlo con pinzas, ya que es de cosecha propia):
1) Presentarnos y avisar de que vamos a largar una cita.
2) Informar de quién es la cita.
3) Adjuntar la cita.
Es decir, algo así como “querido don patatín… aprovecho la ocasión para saludarle… bla bla bla… y para ello le reenvío el correo de doña patatina que le he mencionado”.
Tampoco nos podemos olvidar de otro tema pelín irritante:
los simbolitos de los “requetequenvíos”
> que se van acumulando
>> cada vez que alguien
>>> reenvía y
>>>> reenvía y
>>>>> vuelve a
>>>>>> reenviar.
>>>>>>> Y cada vez que se
>>>>>>>> pasa de una persona a
>>>>>>>>> otra, de un departamento
>>>>>>>>>> a otro, de lo que sea a
>>>>>>>>>>> lo que sea…
>>>>>>>>>>>> sale una línea con más
>>>>>>>>>>>>> simbolitos y el texto azul
>>>>>>>>>>>>>> cada vez más a la
>>>>>>>>>>>>>>> derecha.
>>>>>>>>>>>>>>>> Vamos, una pequeña
>>>>>>>>>>>>>>>>>guarrada que
>>>>>>>>>>>>>>>>>> termina pareciendo un
>>>>>>>>>>>>>>>>>>>jeroglífico.
Y vale que entre amigos todo se perdona. Y que si lo hace un cliente es lógicamente permisible. Pero si aspiras a convencer a alguien, sea en lo personal o en lo profesional, una buena manera de quedar bien y evitar hacerle perder el tiempo es eliminando la información superflua de los correos que nos reenvían y decidimos volver a reenviar. Es decir, evitar lo que Shipley y Schwalbe denominan “el correo electrónico que nunca desaparece” (Shipley y Schwalbe, 2008, 21).
Piénsalo. No cuesta tanto y quedarás bien. Todo es branding y todo es storytelling.
Fácil, gratis y eficaz, ¿no?
